Y mientras el huevo y el atún se hacían presentes, charlas y gestos prendían el sol dentro del templo.
Afuera el tiempo era el mismo, seguía corriendo, sin que nadie sepa lo que pasaba en ese lugar.
Y yo en pantuflas mirando el pájaro, que cantaba cuando el silencio le daba pie para hacerse presente.
Al mismo tiempo que los sorrentinos se alistaban, la mousse de chocolate se ponía a punto.
Y bonitas sensaciones se hacían presentes, sueños cumplidos y renovados.
Ustedes ahí agasajándome con un concierto de hermosas notas.
Y si tengo que agradecer no alcanza con las gracias, solo puedo sacarme el sombrero.
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